Kenia. Paraje turístico paradigma de los safaris. Toda la esencia panfletaria de África. Un país que, como sus vecinos, muy pocas veces asalta los periódicos. Hace ahora casi un año ocurrió.Las calles de su capital, Nairobi, y de otros muchos rincones del país se vieron impregnadas de barricadas de ciudadanos exigiendo al gobierno claridad en unas elecciones que aún hoy se ponen en duda. Corría el mes de diciembre de 2007. El presidente electo resultó ser Mwai Kibaki con un 46 por ciento de votos, el mismo que llevaba ya gobernando bajo la sombra de la corrupción desde el año 2002 con el Partido Democrático, al formar una colación de partidos de oposición; la Nacional Rainbow Coalition. Su principal opositor Raila Odinga, del Movimiento Democrático Naranja, quedó relegado a un segundo plano ante la mirada titubeante de la comunidad internacional y unas urnas de dudosa reputación.
Recorrer las hemerotecas de aquellos días es rememorar un enfrentamiento callejero que tenía sus raíces en un conflicto étnico, como tantos otros de África, un careo entre seres humanos que sigue latente en las aceras. El país es un conglomerado diverso de etnias, culturas, religiones y lenguas. Antes de ser territorio colonial, eran extensiones de tierras habitadas por distintos grupos indígenas con culturas particulares. Pero el origen tribal paso desapercibido en el reparto y pronto la etnia más numerosa, la de los kikuyos, que gobiernan desde 1963, se hizo con el poder político y socioeconómico de la mano de Jomo Kenyata, promotor principal de la independencia y después Daniel arap Moi, ambos del partido KANU, al que le sucedió el actual presidente Mwai Kibaki. Frente a esto, se encuentran otras minorías de entre las cuales, destacan los lua, etnia originaria de Raila Odinga, apoyado por otras etnias marginales. Un panorama desolador que creó un clima de violencia callejera aterrador.
Y todo esto fue el comienzo de un conflicto que, aunque aparentemente solucionado, no ha quedado en el olvido. A lo largo de los meses siguientes los enfrentamientos no cesaron, y a pesar de los intentos de reforma y un supuesto aperturismo por parte del Gobierno, las telarañas de la corrupción siguen vigentes. En el mes de abril se formó un gobierno de coalición, y con la supervisión burocrática del Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, se lograron silenciar voces sin que la situación de porbreza y miseria que asola el país se viera beneficiada. El gran opositor del gobierno, Raila Odinga es desde abril el primer Ministro de Kenia, con unas funciones limitadas. Así es como se decidió poner un amargo punto y final a una situación de la que aún queda mucho que decir. De hecho, el comisario electoral del país, Samuel Kivitu, sigue sufriendo presiones por parte de EE.UU y Europa para que dimita por la polémica sobre lo ocurrido el pasado 27 de diciembre, tal como informó la agencia de noticias Afrol News el pasado 3 de octubre. Mientras tanto, el ministro de exteriores de Kenia, Moses Wetangula, trata de calmar la situación: "No estoy defendiendo a Kivuitu y su equipo, simplemente estoy protegiendo nuestra soberanía".
Lo cierto es que, tras más de diez meses de que el país fuera protagonista en los diarios, poco o nada se sabe a respecto. La desinformación, como casi de costumbre, es la ley que marca muchos puntos negros de la geografía mundial. En Kenia, aún quedan cabos sueltos que tardaran en acabar entrelazados.
